En verano las horas de luz se alargan y es muy agradable salir a la calle a pasear, sobre todo al amanecer o al atardecer. Durante estas horas podemos observar personas desde el lado opuesto a la luz y comprobar como, durante unos instantes, pierden su identidad y solo se pueden ver sus movimientos a contraluz. Se funden en un paisaje urbano en sombras que los reduce a un simple gesto como única referencia de quienes son o a donde van. Este asombroso fenómeno ofrece una poética y a la vez misteriosa visión de Madrid, y se convierte en el hilo conductor de esta colección de fotografías que exploran, desde una nueva perspectiva, la relación de las personas con la ciudad.
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